Qatar 2022 marcó un punto de inflexión. En cuartos de final contra Países Bajos, Argentina ganó por penales tras un partido con dieciocho tarjetas amarillas. En ese momento pensé que era un sesgo comprensible hacia un ídolo que muchos veían en su última oportunidad. El relato parecía perfecto.

Pero Messi no se retiró, y las mismas dinámicas arbitrales volvieron a aparecer. Frente a Cabo Verde y frente a Egipto, faltas que a cualquier otra selección le habrían costado expulsiones terminaron resueltas con simples amonestaciones. Las redes detectaron los clips de inmediato. Ex árbitros señalaron inconsistencias que van más allá del error humano habitual.

Lo revelador aparece cuando uno se aleja un poco del arbitraje puntual. Aparece una constante de comentarios racistas desde tribunas y plataformas cada vez que Argentina enfrenta selecciones africanas o jugadores negros. Tras la final del Mundial, Mbappé y el equipo francés recibieron ataques con carga racial explícita, a veces disfrazados de crítica deportiva. En los partidos contra Cabo Verde y Egipto, testigos registraron cánticos discriminatorios que en otras ligas activarían sanciones institucionales y revisiones formales.

Esta constante conecta con dinámicas de preferencia por el propio grupo: los humanos favorecemos lo cercano y justificamos el castigo hacia quienes percibimos como distintos. No es un rasgo exclusivo de un país. Pero en Argentina esa tendencia se entrelaza con una historia concreta de construcción nacional que vale la pena examinar.

Buenos Aires albergó en el siglo dieciocho una población negra que llegó a representar hasta un tercio de sus habitantes. Epidemias, guerras que usaron desproporcionadamente a soldados afrodescendientes y una política deliberada de inmigración europea masiva redujeron esa presencia hasta volverla casi invisible. El mito de un país sin negros se instaló como sentido común, y ese relato nunca se desmontó del todo.

Los relatos repetidos funcionan como divisores sociales sin necesidad de propaganda central. La idea de Argentina como enclave blanco y europeo en Sudamérica definió pertenencias y jerarquías de forma casi invisible para quienes crecieron dentro de ella. Estas historias resisten el escrutinio porque tocan la identidad misma, no solo la memoria.

La posible conexión entre arbitraje favorable y racismo estructural resulta inquietante, aunque no sea causal directa. Ambos fenómenos comparten una raíz en la convicción cultural de excepcionalidad. Cuando la selección enfrenta a rivales africanos, el enfoque mental lleva incorporada una jerarquía previa. Esa sensación de merecer un trato distinto puede explicar la tolerancia social hacia decisiones que benefician al equipo propio.

No hay evidencia de una conspiración arbitral organizada. Es más preciso atribuir gran parte de lo observado a sesgo colectivo, presión mediática y la ventaja habitual que reciben los grandes equipos. Brasil, Alemania y España han vivido situaciones similares. El fenómeno no es único de Argentina.

Lo que sí está documentado son los patrones de racismo en tribunas y redes: reportes de organizaciones antirracistas, grabaciones y capturas lo confirman. Argentina comparte esta realidad con otros países. Lo que cambia es que su historia particular de blanqueamiento añade una capa que todavía no se procesa como ocurre en Brasil o en Colombia.

Este caso muestra las tensiones de una sociedad que celebra a su ídolo máximo mientras ese mismo ídolo encarna el mito fundacional. Todavía no tengo claro cómo se resuelve la incomodidad que surge cuando el espejo del éxito deportivo refleja, al mismo tiempo, los vacíos de una identidad construida sobre exclusiones.

¿Qué ocurre cuando el triunfo deportivo refuerza precisamente los relatos que una sociedad necesitaría cuestionar?

Fuentes

1. Informe Jay (2014) sobre encubrimiento institucional en Reino Unido — referencia metodológica sobre negación institucional de racismo, usada comparativamente.

2. Reportes de organizaciones antirracistas del fútbol (FARE Network) sobre incidentes discriminatorios en mundiales recientes.

3. Registros históricos sobre la disminución de la población afroargentina en censos del siglo XIX-XX (fuentes académicas sobre demografía racial en Argentina).

4. Análisis en redes sociales y medios deportivos sobre decisiones arbitrales en partidos de la selección argentina, Qatar 2022 y partidos posteriores.