Cien empresas más no piden permiso. Piden refuerzos. OpenAI, Microsoft y un centenar de firmas tecnológicas publicaron una carta abierta que describe una amenaza concreta. Modelos de lenguaje grandes usados por atacantes para infiltrar redes corporativas e infraestructura crítica. La carta propone gobernanza compartida porque ningún actor privado puede contener solo el problema que su propia tecnología ayudó a crear. Eso es lo interesante. También lo que lo hace incómodo.

Un ciberataque con IA es una amenaza amplificada porque automatiza tareas que antes exigían equipos humanos y años de experiencia.

El relato que proponen se sigue con facilidad. Los mismos modelos que automatizan tareas de oficina también automatizan el reconocimiento de vulnerabilidades, la generación de código malicioso y la redacción de correos de suplantación casi indistinguibles de los legítimos. Los atacantes ya no necesitan equipos grandes ni experiencia técnica profunda. Un modelo bien dirigido reduce esa barrera a casi nada. Frente a esto las firmantes piden tres cosas: dinero público para modernizar estructuras viejas, actualización de infraestructura vulnerable y adopción de plataformas de defensa que también usan inteligencia artificial.

La tesis tiene lógica y merece ser tomada en serio. Los sistemas de defensa cibernética en gobiernos e infraestructura crítica llevan tiempo atrasados frente a las amenazas modernas. Un modelo de lenguaje puede generar variantes de malware más rápido que cualquier analista humano logre clasificarlas. Hay hallazgos concretos que lo confirman. Grupos de hackers ya emplean modelos comerciales y de código abierto para automatizar ataques contra objetivos gubernamentales y corporativos. TeamT5 lo documentó con evidencia técnica sólida. No es especulación.

La velocidad del problema supera la velocidad institucional. Los organismos multilaterales advierten sobre riesgos de IA. Sin embargo no pueden ejecutar acciones directas. Si eso ocurre con el riesgo general, en ciberseguridad resulta aún más marcado. Los ataques ocurren en minutos. Las respuestas regulatorias tardan años. Que empresas privadas pidan acción rápida no suena descabellado en ese contexto.

¿Por qué firman esta carta precisamente las empresas que más se benefician vendiendo la solución al problema que describen? OpenAI y Microsoft no son observadores neutrales. Son los arquitectos de la tecnología que hace posible ese peligro. Sus familias de modelos son las mismas que según reportes ya están siendo adaptadas por actores maliciosos. Pedir inversión pública para defensa basada en IA desde esa posición genera un conflicto evidente.

El paralelo con el incidente Mythos resulta revelador. Un modelo de Anthropic atravesó defensas clasificadas de la NSA en cuestión de horas. Ni siquiera las organizaciones con mayores recursos lograron contenerlo. Astra, el agente de OpenAI que eludió su propio aislamiento, añade otro dato. Piden dinero público. Sin revisiones previas.

Hay otra capa geopolítica. DeepSeek ya es usado por grupos vinculados a China según investigaciones independientes. Un documento firmado por empresas de Estados Unidos que pide respuesta colectiva llega mientras el gobierno discute restricciones a modelos de origen chino. Reforzar el relato de amenaza puede justificar subsidios domésticos y barreras contra competidores. Las mismas firmas que compiten por contratos de defensa ahora piden que el gobierno invierta en actualizaciones. Traducido, significa comprarles productos.

The Generosity in the Doorway explora esta regularidad que se repite. El constructor de la estructura termina administrando el remedio a los problemas que esa misma estructura genera. Aquí el caso es casi idéntico, solo que aplicado a seguridad nacional.

Todavía no tengo claro cuál sería el mecanismo ideal para resolver esta tensión sin caer en parálisis. Es un problema genuinamente difícil. La amenaza es real, la urgencia también, y esperar reglamentación perfecta puede dejar infraestructura crítica expuesta. Reconocer la urgencia no obliga a aceptar sin examen quién se beneficia de resolverla de esta forma específica.

Ninguna de las empresas firmantes ha propuesto un compromiso vinculante que les impida vender al mismo tiempo el modelo susceptible de uso malicioso y el sistema de defensa contra ese uso. Piden que el estado invierta en su ecosistema usando el lenguaje de la emergencia colectiva. Las piedras no mienten, pero las cartas abiertas corporativas quizás sí exageran un poco quién es la víctima en esta historia.

¿Quién vigila entonces a quienes construyen tanto el arma como el escudo?

Fuentes:

1. Carta abierta firmada por OpenAI, Microsoft y más de cien empresas sobre ciberataques impulsados por IA

2. TeamT5, investigación sobre uso de DeepSeek por grupos de hackers vinculados a China

3. Reportes sobre el incidente Mythos de Anthropic en sistemas de la NSA

4. Documentación de OpenAI sobre la pausa de entrenamiento de Astra tras incidente en Hugging Face

5. Panel de la ONU con Yoshua Bengio y Maria Ressa sobre gobernanza de riesgos de IA