Larry Ellison dijo algo preciso en su presentación reciente. No dramatizó. Dijo esto: "A lot of the code Oracle is writing — Oracle isn't writing. Our AI models are writing." Es una declaración técnicamente específica sobre cómo funciona el desarrollo de software dentro de Oracle hoy. Esa precisión invita a un análisis serio, sin pánico ni aplausos automáticos.
El matiz cuenta. Ellison no habla de experimentos ni de asistentes que sugieren código para revisión humana. Se refiere a modelos que generan código de producción. Eso es un cambio cualitativo. En partes significativas de Oracle, la escritura de software ya no depende de un humano al mando. La infraestructura lo ha absorbido.
Lo que no mencionó en ese discurso resulta igual de revelador: Oracle recorta entre veinte mil y treinta mil empleados, hasta el dieciocho por ciento de su fuerza laboral global. No por problemas financieros. Acaba de reportar su trimestre de ingresos más fuerte en quince años. Estos despidos financian la expansión de centros de datos para IA. Es el recorte tecnológico más grande del año, y no tuvo lugar en la presentación que celebraba el rol de la IA en el código.
Ellison rechaza la idea de un "apocalipsis del software". Argumenta que la IA expande el software, no lo destruye, con más aplicaciones y demanda de infraestructura. Puede tener razón. El software no desaparecerá. Pero esa expansión sucede con menos programadores humanos y más control concentrado en Oracle. El valor se mueve hacia arriba, no se distribuye. Esa diferencia queda fuera del discurso.
Reconozco esta dinámica en otros contextos históricos. La imprenta de Gutenberg no redujo la producción de texto; la multiplicó. Sin embargo, el dominio sobre publicación, distribución y ganancias se concentró en dueños de prensas y redes. Los copistas no desaparecieron de inmediato; su función se integró en la máquina y en quienes la manejaban. Lo que varió no fue la cantidad de texto. Fue quién ganaba con él.
La IA generando código de producción sigue esa línea. No democratiza el software. Lo industrializa bajo el dominio de quien posee los modelos, la infraestructura y los centros de datos. Ellison no elimina al programador. Internaliza su función en Oracle. Suena técnico, pero implica cambios estructurales: el conocimiento disperso en miles de ingenieros ahora reside en modelos propietarios. Si un ingeniero sale, la empresa pierde algo único. Si el modelo aprende, Oracle retiene todo.
La historia de las herramientas es consistente en esto. El arado de hierro en la Edad Media no acabó con los agricultores; reconfiguró quién controlaba la tierra y la producción. La IA hace algo análogo con el código. Estos desplazamientos no tienen un destino fijo: dependen de las estructuras que los rodean.
La pregunta operativa para cualquier empresa tecnológica es directa: si la IA escribe código de producción mientras recortas treinta mil puestos en un año de ingresos récord, ¿qué dice eso del futuro del trabajo en tech? La respuesta no está en la presentación. Está en los números, que apuntan a concentración más que a expansión.
Esto no ocurre de forma aislada. Recientemente, Alex Karp de Palantir definió quién tiene futuro en la economía tech. Jensen Huang de Nvidia proclamó que la AGI ya existe. Ellison reveló que la IA escribe el código de Oracle. Tres CEOs, enfoques distintos, pero convergencia en una dirección: el poder para decidir qué trabajo importa, qué infraestructura lo soporta y quién maneja los modelos se acumula en pocas manos. No es conspiración. Son incentivos racionales en una estructura que premia la centralización.
Lo interesante es que Ellison acierta en algo clave. El software se expandirá. La demanda de sistemas inteligentes crecerá. El problema no radica en que la IA escriba código. Está en la gobernanza: cómo se escribe, despliega y monetiza ese código. Hay comunidades e investigadores que construyen modelos abiertos e infraestructura cooperativa, donde el control no depende de una sola empresa. Esas opciones existen, aunque sin el brillo de una presentación de Oracle.
La historia de las tecnologías muestra que el resultado depende del contexto institucional, no solo de la herramienta. La imprenta concentró poder en unos lugares y lo dispersó en otros, según las leyes y estructuras alrededor. Internet empezó descentralizado y acabó dominado por plataformas, por decisiones económicas, no por la tecnología en sí. La IA generativa está en esa misma encrucijada.
No tengo claro cómo se resuelve esto a gran escala. Es más complejo de lo que parece. Pero nombrar lo que ocurre con precisión es el primer paso. Ellison fue exacto sobre la tecnología. Omitió las implicaciones humanas. Juntar ambos no es pesimismo. Es la base para conversaciones reales sobre el trabajo en tech y quién lo moldea.
Las piedras no mienten, pero los historiadores a veces sí.
Fuentes:
1. TechFinitive — Declaración de Larry Ellison sobre IA generando código de Oracle
2. Medium — Análisis del recorte de 20,000-30,000 empleados de Oracle y su relación con inversión en centros de datos de IA
3. Reportes financieros de Oracle Q4 2025 — Trimestre de ingresos más fuerte en 15 años