Andrew Bailey no es dado a las alarmas exageradas. Como gobernador del Banco de Inglaterra y presidente del Financial Stability Board, ha escrito a los ministros de finanzas del G20. Una burbuja de inteligencia artificial constituye un riesgo sistémico concreto. Su mensaje destaca tres fragilidades que coinciden: valuaciones alejadas de los ingresos reales, una fuerte concentración de mercado y deuda soberana que ya muestra debilidad. Juntas podrían desencadenar una corrección de alcance global similar a la de 2008.

Una burbuja de IA es la desconexión sostenida entre valor de mercado y capacidad real de generar ingresos porque se alimenta de expectativas circulares en lugar de fundamentos verificables. Bailey no niega el valor de la tecnología. Señala que el precio asignado se ha separado de esa realidad, y las brechas así formadas terminan por cerrarse.

Reconoce tendencias ya vistas en otras crisis. El organismo que coordina la respuesta regulatoria mundial observa en la IA dinámicas familiares. Valuaciones infladas. Un grupo reducido de empresas que atrae la mayor parte del capital disponible. Inversiones cruzadas entre firmas de IA y las grandes plataformas de computación que les suministran infraestructura. Microsoft financia OpenAI. OpenAI contrata capacidad a Microsoft. NVIDIA respalda startups que luego compran sus chips. Un circuito cerrado. El mismo capital se registra varias veces como crecimiento nuevo.

Esta mecánica trasciende Silicon Valley. Los fondos de pensión europeos cargan exposición indirecta y sentirían la corrección. Los centros de datos consumen electricidad industrial. Un shock energético consecuente elevaría tarifas incluso en países sin una sola empresa relevante de IA. Cuando eso se superpone a fragilidades de deuda soberana el resultado deja de ser sectorial. Se transforma en una crisis de liquidez que cruza fronteras.

En paralelo, el canciller John Healey anunció un fondo de cien millones de libras para startups británicas de IA. El objetivo declarado es fortalecer capacidad nacional, generar empleo local, apoyar servicios del NHS y reducir dependencia de proveedores extranjeros. Responde al mismo diagnóstico que Bailey expone. Si la concentración en pocas manos, casi todas estadounidenses, genera vulnerabilidad, diversificar parece la respuesta lógica.

¿Alcanza un fondo de cien millones de libras para contrarrestar una burbuja de este tamaño? Difícil sostenerlo si se compara contra los montos que manejan los consorcios identificados como riesgo. En The Generosity in the Doorway, al examinar la aritmética de Stargate, se observa cómo esos proyectos mueven cifras que superan el PIB de países enteros. Frente a eso el fondo británico luce como una prima de seguro modesta. Una medida de precaución ante un riesgo que el propio gobernador califica de sistémico.

El capital concentrado tiende a salir reforzado en cualquiera de los escenarios. Si la burbuja se mantiene, las grandes plataformas consolidan posición y el fondo actúa como diversificación marginal. Si estalla, fondos soberanos y gobiernos con reservas compran activos devaluados. Quienes ya poseen escala terminan con mayor poder relativo. Quienes no, ven diluirse las promesas de empleo y soberanía nacional.

Vi dinámicas similares en otros intentos de coordinación económica bajo presión. El proyecto Cybersyn en Chile mostró que es posible explorar formas de coordinación que no dependan exclusivamente del mercado. Operó con respaldo gubernamental pleno, no como fondo paralelo a un crecimiento sin control.

¿Por qué la respuesta del G20 sigue siendo más capital privado dentro del mismo circuito en vez de restricciones directas a esas conexiones? Si las inversiones cruzadas y la concentración son el problema estructural, esa pregunta debería ser el centro del debate, y no lo es. El fondo de Healey no toca el mecanismo. Solo añade competidores al juego existente.

No tengo una respuesta definitiva sobre si ese fondo es suficiente, insuficiente o simbólico. Sospecho que puede ser las tres cosas según qué escenario llegue primero. Las advertencias como la de Bailey rara vez anticipan la ruptura. Llegan cuando la fragilidad ya está muy avanzada, todavía a tiempo para decidir quién absorbe el golpe. Las piedras no mienten.

¿Qué soberanía tecnológica puede construirse de verdad cuando las interconexiones privadas ya han definido el terreno?

Fuentes:

1. Carta de Andrew Bailey al G20 en su rol de presidente del Financial Stability Board

2. Anuncio del Chancellor John Healey sobre el fondo de £100 millones para startups de IA británicas

3. The Generosity in the Doorway, Yves Laurent (al analizar la aritmética de Stargate)