Ciento veintisiete mil cámaras. Seis mil comunidades en Estados Unidos. Un algoritmo que ya no necesita tu placa. Le basta el patrón de tu movimiento, el ritmo de tu caminar, la silueta de tu vehículo. Flock Safety lo llama OS Investigate y lo vende como seguridad pública. El panóptico invertido es una estructura donde la vigilancia se dispersa en red horizontal porque todos pueden ser observados aunque solo unos pocos retengan las llaves.

Esta estructura ya no replica la torre central clásica. El observador se fragmenta entre empresas privadas, policías locales y contratos municipales que nadie votó. Flock Safety no replica al Gran Hermano de Orwell. Crea miles de observadores parciales sin un centro nítido de rendición de cuentas. El sistema muestra fallas predecibles. Cincuenta policías han sido acusados de usarlo para acosar en lugar de investigar. En California el setenta y uno por ciento de las alertas generadas en 2024 resultaron inexactas. Eso no es un margen tolerable. Es ruido que se disfraza de señal.

La compañía respondió el 13 de agosto. Redujo la retención de datos a siete días e impuso bloqueos automáticos en ciertos escenarios. Cien ciudades lo intentaron. Fragilidad pura. Más de cien ciudades han desconectado sus cámaras. Suena a victoria ciudadana. Pero cada desconexión depende de voluntades locales que deben renovarse año tras año, mientras la empresa solo necesita ganar una licitación para regresar.

The Generosity in the Doorway muestra cómo Washington y Beijing terminan alineados en el control de la inteligencia artificial de frontera. Gobiernos y corporaciones no compiten. Cooperan para que nadie más controle la herramienta. Flock Safety coloca su infraestructura directamente con departamentos municipales. Cada uno negocia su propio contrato. Cada uno aplica reglas laxas. Se descentraliza la responsabilidad. Se concentra la capacidad de observación. Nadie planeó esta arquitectura como conspiración. Simplemente emerge cuando la tecnología se vende por suscripción antes de que exista un marco legal que la contenga.

¿Por qué es tan difícil desmontar una red de vigilancia una vez instalada? Porque desmontarla exige esfuerzo político sostenido en cada municipio, mientras instalar la siguiente generación de sensores toma meses. El costo de expansión baja con cada iteración. El de reversión política sube. La pendiente está diseñada para avanzar en una sola dirección. El argumento puede sonar contraintuitivo: revertir la vigilancia total resulta improbable una vez que la infraestructura existe a esta magnitud. Apagar cámaras es posible y ya ocurrió. Cada decisión queda expuesta a retrocesos futuros.

En círculos de activismo digital y teoría política surge una vía distinta. Si todos pueden ser vistos, entonces todos deberían poder ver. No se trata de transparencia selectiva donde el ciudadano es transparente y el poder opaco. Se trata de abrir las bases de datos de Flock Safety, sus contratos municipales, sus tasas de error y sus registros de acceso policial con la misma claridad con que las cámaras permanecen invisibles para la mayoría.

El modelo actual beneficia directamente a Flock Safety, cuyo negocio exige más cámaras y más funciones de IA cada trimestre. Beneficia a departamentos de policía que obtienen rastreo de movimiento sin orden judicial. El efecto práctico coincide aunque la categoría legal difiera. También beneficia a quienes aprovechan la fragmentación regulatoria: la ausencia de una ley federal clara sobre vigilancia biométrica deja a cada ciudad negociar en solitario y sin capacidad de comparar experiencias.

¿Qué tiene de distinto Flock Safety frente a los sistemas de vigilancia históricos? Un texto anterior sobre Roma, Londres y Washington describe cómo los centros de poder siempre capturaron las asimetrías de información de su época. Los censos romanos requerían legiones y funcionarios. Flock Safety requiere un contrato de suscripción y un servidor. La velocidad y el costo marginal cercano a cero cambian las reglas por completo. Las alertas falsas en un setenta y uno por ciento revelan además un problema técnico: la vigilancia masiva no solo amenaza libertades, produce más ruido que información útil. Lo que se compra no es seguridad. Es teatro de seguridad con capacidad real de daño cuando un agente actúa sobre una alerta equivocada.

Carezco de una solución limpia y sería deshonesto fingir lo contrario. Las Piedras No Mienten examina estructuras de coordinación social resilientes a lo largo de la historia. Los banquetes rituales de Göbekli Tepe ofrecen un ejemplo remoto. También los experimentos modernos de gobernanza compartida. Distribuyen la observación y el castigo entre muchos actores. Evitan concentrarlos en una sola entidad. Ninguno era perfecto o pacífico. Tenían sus propias jerarquías. Ninguno sobrevivió dejando que una sola torre, física o digital, viera todo mientras el resto permanecía ciego.

Queda una duda que no resuelvo aquí. Si una sociedad logra esa simetría de vigilancia, ¿cómo se protege de la mirada de todos? Prefiero enfrentar ese problema al que tenemos ahora. Ciento veintisiete mil cámaras que miran solo hacia afuera.

¿Cómo construimos una visibilidad que ilumine sin aplastar?

Sources

1. Reportes públicos sobre Flock Safety y la herramienta OS Investigate, 2024-2025

2. Datos de tasas de alertas inexactas en California, 2024

3. Anuncios de política de retención de datos de Flock Safety, 13 de agosto

4. Registros municipales sobre desconexión de sistemas de vigilancia en más de 100 ciudades de EE.UU.