Un modelo de lenguaje que decide qué versión de los hechos mostrarte. Un gobierno que gana dinero cada vez que alguien lo usa. Lentes con cámara que millones van a comprar por gusto propio. Cada pieza, vista sola, parece un paso lógico en el desarrollo tecnológico. Juntas apuntan a algo más profundo.
OpenAI prepara su próximo modelo, uno que según la compañía compite con los líderes del mercado. En lugar de lanzarlo sin más, lo sometió a revisión del gobierno de Estados Unidos. Eso ya se sabía. Lo nuevo es que la empresa propone cederle al gobierno un porcentaje de los ingresos que genere ese modelo.
Ahí está el giro. El gobierno deja de ser un regulador externo. Pasa a ser parte interesada en el éxito comercial de la herramienta que se supone debe vigilar.
Los incentivos cambian por completo. Cuando recibes beneficios directos de algo, cuesta más cuestionarlo con rigor. Lo que surge es una tendencia a proteger y pulir el producto en vez de someterlo a escrutinio. Y cuando millones de personas consultan ese modelo para entender eventos históricos o debates actuales, sus respuestas terminan moldeando percepciones. ¿Quién decide el tono en temas geopolíticos o en políticas controversiales? Con una participación económica de por medio, las versiones que generan más adopción tienen todas las de ganar, sean o no las más precisas.
He visto dinámicas parecidas en cómo se ejerce el poder alrededor de tecnologías emergentes. Este movimiento de OpenAI encaja en esa tendencia. El interés no está solo en limitar la IA. Está en integrarse a ella.
Esta lectura es personal, pero el patrón con Sam Altman resulta revelador: se promueven soluciones a problemas que las mismas tecnologías profundizan, como despidos masivos junto a inversiones enormes en IA. Son movimientos racionales cuando las condiciones lo permiten. Después de años observando este tipo de experimentos sociales, la fórmula se repite con una consistencia que ya no sorprende.
La cosa se pone más interesante con Elon Musk y su Grok. Si OpenAI ofrece participación en ganancias a cambio de fluidez regulatoria, otros actores podrían buscar arreglos parecidos. Musk mantiene lazos con el gobierno estadounidense y ya ha ajustado plataformas según visiones propias. Un modelo bajo ese esquema reflejaría esos mismos equilibrios.
Modelos desarrollados en Francia, como Mistral, o en China, como DeepSeek, operan bajo incentivos distintos. No son neutrales: todos cargan las huellas de sus datos de entrenamiento. Pero al no depender de la validación de Washington, conservan un espacio para enfoques alternativos. Resulta irónico que la rivalidad entre bloques, que casi siempre divide, termine preservando aquí opciones menos alineadas.
Mientras los modelos de lenguaje siguen este camino, Meta empuja sus lentes inteligentes. La batalla contra la vigilancia masiva cambió de forma. Ya no se impone por mandato. Se adopta por conveniencia diaria.
Cada persona que los usa se convierte en un punto de captura que envía imágenes a la nube de Meta. Quienes están alrededor no dan ningún permiso explícito. La utilidad de la IA integrada basta para que la gente haga fila, por voluntad propia, para comprarlos.
Esta infraestructura de datos visuales, sumada a modelos ajustados por acuerdos con el gobierno, recuerda estructuras de dominio informativo de otras épocas. Los romanos controlaban el suministro de grano y las rutas de comercio. Los faraones custodiaban el saber escrito y quién podía acceder a él. La diferencia hoy está en la escala y la velocidad, pero la lógica de concentrar el manejo de la información sigue intacta.
No tengo todas las respuestas sobre qué tan reversible es este proceso. Los modelos abiertos y los enfoques descentralizados ofrecen alternativas, pero la adopción masiva suele inclinarse hacia quienes ya dominan la escala. Sigo dándole vueltas a este cruce entre tecnología y poder.
¿Qué pasa cuando la vigilancia se disfraza de producto útil y la curaduría de información lleva el sello de aprobación de la misma entidad que debería garantizar su independencia?
Fuentes:
1. Reportes públicos sobre negociaciones entre OpenAI y el gobierno de Estados Unidos respecto a modelos de próxima generación
2. Análisis de patrones de despidos e inversión en infraestructura de IA por parte de OpenAI y otras empresas del sector
3. Cobertura de la estrategia de expansión de dispositivos con cámara integrada por parte de Meta