Un modelo de lenguaje encontró una grieta en HAWK. Este esquema de firma digital fue diseñado específicamente para resistir computadoras cuánticas. El mismo equipo identificó además una ruta nueva contra versiones reducidas de AES, el cifrado simétrico que protege transferencias bancarias, correos y mensajes en este momento. Investigadores de Anthropic publicaron ambos hallazgos usando Claude Mythos Preview como herramienta de análisis matemático. Ninguno de los dos ataques compromete sistemas en producción. Son avances técnicos reales.

La criptografía es la garantía matemática que sostiene casi toda la infraestructura digital porque convierte un problema de confianza social en un problema de complejidad computacional. No confías en el banco. Confías en que factorizar un número de dos mil bits toma más tiempo que la edad del universo. Cuando esa ecuación se mueve, aunque sea poco, todo lo construido encima se mueve con ella.

HAWK pertenece a la generación de algoritmos post-cuánticos. Su propósito es sobrevivir el día en que una máquina cuántica rompa RSA y las curvas elípticas que usamos hoy. El ataque descubierto no lo destruye por completo. Reduce de forma significativa su margen de seguridad, ese colchón que separa lo seguro en la práctica de lo vulnerable en laboratorio. AES cifra casi todo el tráfico simétrico del planeta desde 2001. El nuevo ataque se dirige solo a versiones con menos rondas. Las implementaciones reales usan más. No hay quiebre inmediato. Cada paso así acorta el colchón que asumíamos tener.

En Las Piedras No Mienten dedico buena parte del análisis a examinar cómo la tecnología amplifica el poder que ya existe en vez de redistribuirlo. Blockchain, inteligencia artificial y gamificación pasan por la misma lente. Ninguna herramienta es neutral. Todas heredan las intenciones y los límites de quien las diseña y de quien las ataca. La criptografía encaja perfectamente. La usamos sin entenderla, confiando en que expertos lejanos la mantienen a salvo mientras mandamos fotos y hacemos transferencias.

El libro toca también la tensión entre transparencia técnica y opacidad institucional. Lo exploré antes al escribir sobre la filtración de código de Anthropic y las presiones de Ofcom sobre Telegram. La regularidad se repite. Sistemas que prometen privacidad absoluta terminan revelando condiciones, límites y fechas de caducidad implícitas.

¿Qué le agrega este hallazgo a esa tesis? Confirma con evidencia concreta algo que sospechábamos. Los modelos de lenguaje avanzados pueden convertirse en herramientas de investigación criptográfica genuina. Eso cambia quién puede atacar sistemas de cifrado. Antes se necesitaba un equipo con años de formación matemática muy específica. Ahora un modelo bien dirigido acelera el proceso de forma medible.

Anthropic publicó los hallazgos de forma abierta, con metodología clara. Eso contradice el patrón de opacidad que describí antes sobre la misma empresa. No toda acción de un actor poderoso sigue el mismo guion. A veces la transparencia es genuina.

¿Quién audita a quién cuando los laboratorios que construyen los modelos más potentes son también los que encuentran las vulnerabilidades criptográficas más significativas? El libro no resuelve del todo esa pregunta incómoda. En The Generosity in the Doorway abordo brevemente el problema de las cajas negras, pero en sesgo algorítmico. Esto es distinto. El modelo se convierte en un arma de doble filo, útil para fortalecer y útil para debilitar según quién llegue primero.

Reconozco que no tengo una respuesta clara. La transparencia de Anthropic permite que la comunidad revise, fortalezca y parche antes de que alguien con otras intenciones encuentre lo mismo en privado. Eso es lo correcto. Pero también significa que cualquier laboratorio con capacidad similar y menos compromiso ético podría estar haciendo exactamente lo mismo sin publicar. La ventana entre descubrir y explotar ya no depende solo de talento humano escaso. Depende de qué tan bien sepas dirigir un modelo.

Llevamos décadas construyendo confianza digital sobre la idea de que ciertos problemas matemáticos son demasiado duros para un atacante razonable. Esa premisa siempre tuvo una fecha de vencimiento atada al poder de cómputo. No anticipábamos del todo que el cuello de botella pudiera ser también el razonamiento matemático aplicado. Si un modelo encuentra grietas que generaciones de criptógrafos humanos pasaron por alto, la pregunta ya no es solo cuándo se romperá la criptografía actual.

Criptografía post-cuántica. Promesas que se erosionan más rápido de lo esperado. Como ocurrió con el trabajo en Bletchley Park durante la guerra, donde avances en criptoanálisis cambiaron equilibrios de poder de la noche a la mañana. Tres veces. Eso es lo que a veces separa lo seguro de lo roto.

Las grietas ya aparecen en los reportes, tú puedes verlas. ¿Cuánto margen de seguridad nos queda realmente, y quién más está mirando esa misma grieta ahora mismo?