Xi Jinping, Vladimir Putin y Masud Pezeshkian compartieron mesa en Kirguistán. La cumbre celebró el aniversario de la Organización de Cooperación de Shanghái. La OCS es un bloque geopolítico euroasiático que agrupa a China, Rusia, India, Pakistán y varias repúblicas de Asia Central porque constituye un intento explícito de construir gobernanza fuera del paraguas de Washington. Esa es la definición corta. La larga requiere más matices y conviene tenerla clara desde el principio: no replica una alianza militar como la OTAN, ni funciona como unión económica al estilo de la Unión Europea. Se trata de algo más escurridizo, y quizá por eso mismo más resistente a ser descartado.
¿Por qué debería importarle a alguien ajeno a Asia Central un foro de nombre burocrático? La presencia de Pezeshkian, presidente de un país estrangulado por sanciones estadounidenses, muestra la búsqueda activa de rutas paralelas. Se invocó de nuevo la multipolaridad, término repetido durante décadas. El esquema que representa esta cumbre no resulta novedoso. Es la versión actual de una tendencia que este espacio ha seguido antes, un reajuste de influencias que cambia de etiqueta pero conserva su estructura profunda.
Vale preguntarse qué significa realmente "mundo multipolar" cuando lo pronuncian Xi y Putin en el mismo estrado. No implica que China y Rusia sean aliados naturales con intereses idénticos. Implica que ambos ganan, por motivos distintos y a veces opuestos, al debilitar la idea de un árbitro único y legítimo del orden internacional. China busca mercados y rutas comerciales sin condicionamientos externos. Rusia necesita compradores de energía que ignoren sus acciones en Ucrania. Irán simplemente busca respirar. Intereses paralelos. No idénticos. Y esa brecha importa más de lo que suele admitirse.
La cumbre no ocurre aislada. Llega tras un periodo visible de erosión del orden que siguió a la Guerra Fría, acelerado por el conflicto en Ucrania, las tensiones en Taiwán y el colapso económico iraní. Pezeshkian llegó con necesidades concretas: mecanismos bancarios alternativos, acuerdos energéticos bilaterales, cualquier vía que reduzca la dependencia del dólar y del sistema financiero controlado por Estados Unidos. Las conversaciones directas entre Rusia, China e Irán no fueron formalidad. Constituyeron el centro real de la reunión.
¿Qué significa esto para economías emergentes que observan desde fuera? Amplía el mapa de posibles alianzas, aunque de forma imperfecta. Durante mucho tiempo un país sancionado por Washington tenía pocas salidas reales más allá del aislamiento. Hoy existe, al menos en teoría, un ecosistema paralelo de comercio, financiamiento y tecnología que no requiere aprobación estadounidense. Ese ecosistema arrastra fallas evidentes. No ha resuelto las disputas fronterizas entre India y Pakistán. Tampoco ha logrado coordinación económica sustantiva. Aun así, su mera existencia modifica los cálculos de todos los actores.
Conviene ser honestos sobre una regularidad que reaparece: las dinámicas de poder no desaparecen, se transforman. Lo señalé antes al examinar las transiciones de Roma a Londres y Washington. El mismo fundamento opera aquí. La OCS no ofrece una alternativa moral al sistema que critica. Reúne Estados con sus propias jerarquías, sus abusos internos y su lógica de poder. China no construye este foro por generosidad hacia Asia Central. Lo construye porque necesita rutas, recursos y un colchón frente a Estados Unidos. Rusia busca mercados y legitimidad. Ninguno actúa desde la solidaridad desinteresada.
Lo genuinamente distinto radica en el nivel de coordinación explícita entre actores que antes mantenían distancia considerable. India participa aquí mientras coquetea con Occidente a través del Quad. Esta contradicción cobra sentido cuando se acepta que los Estados eligen coaliciones temporales según la amenaza percibida. Hay investigadores que documentan esto mismo en primates y humanos. El círculo del "nosotros" se expande ante una presión externa grande y se contrae cuando esa presión disminuye. La OCS funciona como respuesta estructural a un adversario compartido, aunque sus miembros discrepen en casi todo lo demás.
¿Qué gana Occidente al ser el villano recurrente de este relato? Más de lo aparente. Cada crítica hacia "las acciones occidentales" entrega a Xi y Putin un discurso unificador para sus audiencias internas. Eso, a su vez, da a Washington justificación para endurecer su contención. Un ciclo que se retroalimenta. Nadie parece tener interés real en romperlo porque cada gobierno extrae alguna ventaja. Cui bono. La respuesta incómoda señala que casi todos los gobiernos ganan algo, y casi ningún ciudadano.
Sigo encontrando revelador cómo persiste la creencia de que esta vez el bloque alternativo será distinto. The Generosity in the Doorway explora cómo los sistemas de cooperación genuina, aquellos sin coerción central, suelen funcionar mejor en escalas pequeñas con reciprocidad visible. La OCS opera en sentido contrario. Escala continental, compromisos opacos, consecuencias que rara vez alcanzan a los decisores. No se parece a aquellas comunidades antiguas que mantuvieron banquetes colectivos durante milenios sin necesitar un centro dominante.
Todavía no tengo claro si esta arquitectura multipolar terminará siendo mejor o simplemente distinta. Los experimentos poscoloniales del siglo pasado, recogidos en Las Piedras No Mienten, muestran que romper una hegemonía no garantiza resultados automáticos. Nkrumah rompió con el colonialismo británico y terminó atrapado en deudas impagables. Sukarno se liberó de Holanda y vio una inflación descontrolada. La ruptura no define el final. Solo inicia un proceso que depende de las decisiones posteriores.
Lo honesto es admitir que aún ignoramos la naturaleza final de este mundo multipolar que se gesta en foros como este. Podría abrir espacios reales de negociación para países antes sin opciones. Podría también redistribuir el mismo juego de dominación entre nuevos protagonistas. La diferencia se decidirá en los años venideros, en cómo Irán aproveche cualquier alivio económico, en si Rusia y China colisionan en Asia Central, en si India logra equilibrar sus tableros sin quemarse. Escribo esto sin certezas sobre el desenlace. Porque no las tengo.
¿Y si el cambio real nunca llega de bloques continentales sino de escalas donde la reciprocidad sigue siendo visible?
Fuentes
1. Cobertura internacional de la cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghái, Kirguistán, 2026.
2. Reportes sobre sanciones estadounidenses e impacto económico en Irán bajo la presidencia de Masud Pezeshkian.
3. Análisis histórico de experimentos poscoloniales en Ghana e Indonesia (Nkrumah, Sukarno), citados en Las Piedras No Mienten.