En diciembre de 2024 la Asamblea General de las Naciones Unidas adoptó la resolución A/RES/80/182. Esta proclama el Año Internacional de las Cooperativas como evento recurrente cada diez años. La medida insta a los Estados miembros a fortalecer marcos legales, ampliar el acceso a capital y reconocer las cooperativas como herramientas de desarrollo sostenible. No crea obligaciones vinculantes. No define indicadores de progreso. Tampoco establece consecuencias para los gobiernos que las ignoren.

La historia que rodea esta decisión resulta atractiva. El multilateralismo otorga reconocimiento formal a un modelo económico distinto, le asigna periodicidad institucional y comunica que las cooperativas ya no son un experimento marginal sino parte del vocabulario oficial del desarrollo.

Para quienes han dedicado años a la economía social, esto parece un paso adelante. Una victoria simbólica con posibilidades de traducirse en política pública. Un respaldo que podría abrir puertas. Y hay razones para tomarlo en serio, al menos en parte.

El argumento a favor no es ingenuo. Los marcos normativos que se acumulan con el tiempo han generado efectos reales, aunque con demoras frustrantes. El ejemplo más citado es el de los pueblos indígenas. El decenio internacional iniciado en 1995 produjo conferencias y documentos que en su momento parecían estériles. Sin embargo, prepararon el terreno conceptual para la Declaración de 2007. Doce años de aparente ruido que, vistos después, construyeron condiciones habilitantes. Actores locales usaron ese respaldo simbólico como palanca política interna, lo invocaron en tribunales nacionales y presionaron legislaturas citando compromisos internacionales. El proceso funcionó, aunque despacio y de forma indirecta.

Hay investigadores que documentan este efecto de legitimación diferida. La señal de la ONU no mueve montañas por sí sola, pero puede elevar el costo político de ignorar un tema. Suprimir cooperativas o bloquear legislación favorable adquiere, después de una resolución internacional, un precio de imagen que antes no existía. Eso no es irrelevante.

Aquí el análisis se complica. Contamos con un caso de prueba concreto y los resultados generan incomodidad. El primer Año Internacional se celebró en 2012. Trece años después, las cooperativas representan aproximadamente el mismo porcentaje del empleo mundial que antes: alrededor del diez por ciento según cifras del propio movimiento. No hubo oleada de legislación. No se reformaron masivamente los marcos de acceso a capital. Los países que ya tenían ecosistemas robustos los mantuvieron. Los que no los tenían siguieron sin ellos. La correlación entre la proclamación y los cambios nacionales es, en el mejor caso, difusa.

Desde la lógica de las estructuras, esto no sorprende. Corresponde exactamente a lo que cabe esperar de un proceso sin retroalimentación correctiva. Un termostato o un regulador de velocidad operan porque detectan la brecha entre el estado deseado y el real, y aplican corrección. La resolución emite una señal de salida pero carece de sensor de entrada. No mide cambios en marcos legales. No identifica la distancia entre lo proclamado y lo implementado. No corrige cuando esa distancia crece. Técnicamente no es un mecanismo de regulación: es un emisor de señales sin verificación confiable.

Esto importa porque la diferencia entre señal y regulación no es semántica. Una señal puede flotar en el vacío. La regulación exige que la señal modifique comportamiento de manera verificable. La ONU proclama, los países responden o no, y la arquitectura no distingue entre ambos casos. Se acumula el ruido institucional —conferencias, informes, conmemoraciones— mientras la información operativa que llega a las cooperativas de base en las economías emergentes sigue siendo escasa.

Vi en diferentes contextos cómo este tipo de señales terminan fortaleciendo sobre todo a las organizaciones paraguas. La Alianza Cooperativa Internacional y entidades similares ganan visibilidad y acceso a fondos vinculados al ciclo. Las consultoras especializadas obtienen una década de eventos y contratos. Mongolia, copatrocinadora de la resolución, refuerza su imagen progresista a costo prácticamente nulo. Las secretarías nacionales justifican presupuestos citando el aval de la ONU. Ninguno de estos actores es villano. Todos responden a los incentivos del modelo. Pero ninguno es la cooperativa de mujeres agricultoras en Honduras que necesita crédito y personería jurídica sin riesgo de disolución arbitraria.

Nombrar esto no equivale a cinismo. Es simplemente preguntar por el diseño: ¿a quién llega la señal con claridad y qué conducta modifica realmente? Si la señal beneficia principalmente a quienes ya tienen voz institucional y apenas roza a quienes más necesitan cambios estructurales, el problema reside en la arquitectura, no en las intenciones.

Lo ausente es una discusión honesta sobre qué condiciones convertirían este ciclo en una estructura con capacidad correctiva. No es imposible imaginarlo: métricas de línea base definidas desde el inicio, un panel independiente que revise avances a los cinco años, un reporte público que nombre las brechas más grandes por país. Estos elementos son parte de cualquier modelo de gestión que busque resultados verificables.

La resolución A/RES/80/182 muestra varias características de las iniciativas bienintencionadas que generan actividad simulada: reuniones, documentos y métricas de proceso que nunca se conectan con indicadores de resultado real. Eso no la hace inútil. Significa que su utilidad depende casi por completo de actores externos: gobiernos con voluntad política previa, movimientos que sepan usar el respaldo simbólico como palanca y legisladores que necesiten cobertura internacional para reformas que ya querían impulsar.

Un dato que desafía intuiciones comunes cierra la reflexión: los países con mayor densidad cooperativa construyeron esos modelos décadas antes de cualquier proclamación de la ONU. El reconocimiento institucional llegó cuando las estructuras ya operaban. No al revés.

¿Podrá este nuevo ciclo decenal romper esa secuencia o simplemente repetirá el patrón de señales sin corrección?

Fuentes

1. Resolución A/RES/80/182, Asamblea General de las Naciones Unidas, diciembre 2024

2. International Co-operative Alliance, World Cooperative Monitor, ediciones 2013-2024

3. Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas, A/RES/61/295, septiembre 2007

4. Norbert Wiener, Cybernetics: Or Control and Communication in the Animal and the Machine, MIT Press, 1948

5. Cracogna, Fici y Henrÿ (eds.), International Handbook of Cooperative Law, Springer, 2013