El 13 de julio de 2026 Trump anunció en Truth Social que Estados Unidos se convertiría en el guardián del estrecho de Ormuz. Cobraría veinte por ciento sobre toda la carga que transitara por allí como reembolso por la seguridad que proporciona. La propuesta no duró. La presión de los aliados del Golfo y de la industria naviera la obligó a retroceder en días. Ese anuncio dejó sin embargo una pregunta más resistente que cualquier decreto: quién tiene derecho a fijar precio sobre una vía que nadie posee.

Un peaje marítimo es legítimo porque lo cobra el Estado ribereño y se basa en características del buque en lugar del valor de la carga. Eso es exactamente lo que ocurre en Suez y Panamá. Estados Unidos no podía aplicar esa lógica en Ormuz. No es Estado ribereño. La Organización Marítima Internacional lo señaló sin margen de duda: el cobro carecía de sustento jurídico. Aun así, durante unos días el mundo tuvo que considerar en serio que veinte por ciento del valor de cada carga con rumbo al golfo Pérsico pudiera terminar en manos del gobierno estadounidense.

Por el estrecho de Ormuz circula cerca de una quinta parte del petróleo mundial. Junto con Malaca y Gibraltar forma uno de los cuellos de botella que sostienen el comercio global tal como lo conocemos. Los transportistas pagan normalmente entre dos y tres por ciento del valor de sus bienes en tasas de tránsito. Veinte por ciento. Eso no es tasa. Es otra cosa.

Ormuz expone un vacío legal porque ningún tratado internacional otorga a un tercer Estado ajeno a la costa autoridad para monetizar el paso por un estrecho internacional. El argumento de fondo merece ser escuchado primero. Estados Unidos mantiene presencia naval sostenida en el golfo Pérsico: portaaviones, destructores, personal, logística. La Quinta Flota no opera gratis. Si gran parte de la seguridad de Ormuz depende de esa presencia, la pregunta sobre quién absorbe el costo no resulta descabellada.

Pero la forma revela el núcleo del episodio. El anuncio llegó por red social, sin consulta a los aliados del Golfo, sin marco jurídico propio, sin negociación multilateral. No fue propuesta diplomática. Fue fijación unilateral de precio sobre un bien que no le pertenecía. Esa misma tendencia aparece en Groenlandia, en las presiones comerciales contra España, en la postura frente a Irán y frente a China. Se llevan las reglas hasta el límite tolerable y se retiran cuando el costo político resulta excesivo.

¿Por qué falló el peaje si ninguna norma explícita lo prohibía con claridad? El freno llegó por la política. Los aliados del Golfo —Arabia Saudita, Emiratos, Qatar— dependen de ese tránsito para su propia economía y no iban a aceptar en silencio un impuesto externo. La industria naviera global, con márgenes ya ajustados, tampoco. Esa resistencia combinada forzó el retiro rápido. No fue el derecho internacional quien impidió el cobro. Fue el cálculo político inmediato. Eso deja la puerta abierta: la variable decisiva en el próximo intento seguirá siendo cuánta oposición se logra generar.

Meses antes la misma administración había sostenido exactamente lo contrario. Irán no podía cobrar peajes por Ormuz porque eso abriría una caja de Pandora. Si Irán cobra por Ormuz, nada impide que Malasia cobre por Malaca o que España y Marruecos cobren por Gibraltar. Marco Rubio suscribió la declaración conjunta que rechazaba cualquier peaje. El canciller iraní Abbas Araghchi respondió con ironía que no requirió adornos: si quien garantiza el paso seguro merece compensación, entonces Irán también la merece. El argumento construido para contener a Teherán terminó justificando a Teherán.

Este vacío no aparece solo en el mar. The Generosity in the Doorway examina cómo la Luna y el espacio orbital comparten la misma estructura de problema: bienes comunes sin árbitro reconocido. La ausencia de autoridad clara no equivale a ausencia de reglas. Las reglas las escribe quien primero logra presencia física y capacidad de imponerlas. El bloqueo de combustible a Cuba sigue idéntica dinámica en otra escala. Caza un mamut, la tribu entera come.

¿Qué significa esto para otras infraestructuras críticas que hoy parecen blindadas? La misma lógica opera en dominios aparentemente lejanos. Quién decide los términos de la inteligencia artificial de frontera. La respuesta tampoco reside en un tratado. Reside en quien controla los modelos, los centros de datos y la infraestructura física. Los vacíos no permanecen vacíos. Los llena quien llega primero y cuenta con recursos para defender la posición mientras los demás se organizan.

Cualquier propuesta de arreglo social, sea un ingreso básico o un mecanismo de coordinación colectiva, presupone un actor con autoridad para llevarla a cabo. Casi nunca se examina qué fuerza obliga a ese actor a respetar los límites que supuestamente lo atan. El episodio de Ormuz es la versión marítima de ese punto ciego. No basta con preguntarse si veinte por ciento era una tasa justa. Hace falta preguntar quién tuvo el poder de intentarlo y qué, en última instancia, lo detuvo.

Lo que detuvo el peaje fue una correlación de fuerzas que en esta ocasión resultó desfavorable. Las reglas del mar, como las reglas de casi cualquier bien común, existen mientras alguien las hace respetar activamente, no porque estén escritas en un tratado que todos acatan por convicción. Eso no es motivo para el pesimismo. Es motivo para observar con atención quién construye presencia física y capacidad de negociación en los espacios donde el derecho todavía no ha llegado. Allí se escriben las reglas que después se presentan como si siempre hubieran existido.

¿Qué ocurrirá la próxima vez que un actor con capacidad naval anuncie un peaje similar en otro punto crítico y la correlación de fuerzas le sea más favorable?

Sources

1. Truth Social — publicación de Donald Trump, 13 de julio de 2026

2. Organización Marítima Internacional (IMO) — pronunciamientos sobre régimen legal de estrechos internacionales

3. Declaración conjunta de aliados del Golfo y Marco Rubio sobre peajes en el estrecho de Ormuz

4. Declaraciones del canciller iraní Abbas Araghchi en respuesta al anuncio

5. The Generosity in the Doorway, Yves Laurent (ASIN B0H6RT5Y32)