BRICS es un espacio de coordinación táctica porque alinea países que no confían del todo entre sí y que desconfían aún más de Washington. Esa es la definición más directa que cabe después de la cumbre dieciocho en Nueva Delhi. India consiguió lo que parecía improbable meses atrás. Una declaración conjunta firmada por los diez miembros condenaba la guerra unilateral sin señalar responsable alguno. Xi Jinping viajó a la capital india por primera vez en siete años. Modi se sentó con Putin y con el presidente iraní Masoud Pezeshkian. En salones apartados los diplomáticos indios convencieron a Irán y a Emiratos Árabes Unidos de bajar el volumen de sus diferencias lo suficiente para firmar un papel juntos.
La versión que repetirá la mayoría de análisis esta semana sostiene que las economías emergentes encontraron al fin su voz colectiva. Después de años de sanciones, aranceles y presión occidental un grupo que representa más del cuarenta por ciento de la población mundial se sentó a la misma mesa y fabricó consenso donde antes solo había fricción. India como anfitrión hábil mostró que se puede ser aliado de Rusia y socio comercial de Estados Unidos sin romperse. Es una historia atractiva. Tiene partes ciertas.
Vale reconocerlo antes de complicarlo. Lograr que Irán y Emiratos Árabes Unidos firmen el mismo documento no es detalle menor. Sus tensiones son reales, no retórica de cumbre. Que India mediara entre ellos mientras sostiene conversaciones bilaterales con Rusia sobre energía y con Irán sobre corredores comerciales habla de una capacidad diplomática que merece crédito. El contexto añade urgencia al esfuerzo: Donald Trump ha amenazado con aranceles punitivos contra India precisamente por su relación comercial con Rusia. Cada gesto de unidad BRICS se vuelve entonces respuesta calculada a presión concreta.
El bloque lleva años edificando infraestructura financiera paralela, no solo discurso. El plan quinquenal chino para el yuan con Shanghai y Hong Kong como nodos abre grietas reales en el dominio del dólar aunque no lo reemplace. BRICS encaja en esa misma lógica. Menos dependencia de instituciones occidentales. Más alternativas propias. El New Development Bank existe. Los mecanismos de comercio en monedas locales existen. No es pura fantasía geopolítica.
¿Por qué esta cobertura se queda corta? Una declaración que evita nombrar países no es consenso. Es la ausencia calculada de consenso disfrazada de unidad. Rusia lo lee como crítica implícita a la OTAN. India lo lee de forma que no comprometa sus lazos con Washington. China lo lee sin que toque Taiwán ni el Mar de China Meridional. El texto está diseñado para no decir nada específico porque cualquier concreción habría roto el bloque en pedazos visibles.
¿Qué significa esto para el futuro de BRICS como alternativa real al orden occidental? Funciona mejor como espacio de coordinación táctica que como proyecto ideológico coherente. India no llegó a Nueva Delhi por convicción multipolar. Gestiona riesgo. Modi necesita a Rusia por energía barata y armamento histórico. Necesita a Estados Unidos por inversión tecnológica y por el mercado que absorbe exportaciones. Necesita no confrontar abiertamente a China, que es distinto a necesitarla como aliada. La cumbre no resuelve esa tensión. La contiene.
Hay otro dato que merece más peso del que suele recibir. Los intereses económicos dentro de BRICS divergen más que convergen. China quiere mercados para su sobrecapacidad industrial. India quiere proteger su industria naciente de esa misma sobrecapacidad. Rusia quiere compradores para su energía sancionada. Brasil compite a veces directamente con Rusia por los mismos clientes como exportador de materias primas. Reducir todo esto a resistencia contra Occidente simplifica una relación que en realidad es una colección de transacciones bilaterales con etiqueta compartida. Intereses encontrados. Siempre.
Los mecanismos que alinean actores con incentivos opuestos rara vez dependen de ideología compartida. Dependen de estructuras que hacen costoso romper el acuerdo. Los anales de la diplomacia antigua muestran que tales arreglos rara vez sobreviven sin formas de enforcement. El plan quinquenal chino funciona internamente porque cuenta con ellas. Un bloque voluntario como BRICS no las tiene, hay otra cosa, India puede firmar la declaración el lunes y anunciar un acuerdo comercial preferencial con Estados Unidos el viernes. Nadie en el bloque puede impedirlo. Esa asimetría de compromiso suele pasarse por alto.
¿A quién le sirve narrativamente que BRICS se presente como bloque unificado aunque la unidad real sea limitada? Le sirve a China porque normaliza su liderazgo económico sin que parezca imposición. Le sirve a Rusia porque diluye su aislamiento en una foto grupal con potencias que conservan legitimidad internacional. Le sirve paradójicamente a la política interna de Trump porque cada señal de que "se están juntando contra nosotros" refuerza el argumento proteccionista y arancelario. La cumbre beneficia agendas opuestas de forma simultánea. Eso debería hacernos sospechar de cualquier lectura que la trate como un bloque avanzando en una sola dirección.
En The Generosity in the Doorway, al explorar quién queda fuera de la sala donde se diseñan las propuestas, aparece una estructura parecida pero invertida. El documento incluye formalmente a todos. Precisamente por eso no puede comprometerse con nada concreto. Diez voces con diez agendas producen prosa diplomática vacía. No por accidente. Por diseño.
No tengo certeza de cómo se resuelve esta tensión a largo plazo. Sería deshonesto fingir que sí. Los acuerdos que sobreviven no son los que logran consenso retórico amplio. Son los que construyen infraestructura difícil de deshacer: bancos, sistemas de pago, cadenas de suministro alternativas. Ahí BRICS avanza en silencio mientras las cumbres producen declaraciones que nadie recordará en un año.
El dato contraintuitivo que vale la pena dejar sobre la mesa es este. El comercio intra-BRICS entre los miembros originales sigue siendo proporcionalmente menor que el comercio de cada uno de ellos con Estados Unidos o la Unión Europea. India comercia más con Washington que con Pekín. Brasil depende más de China como comprador que de sus socios BRICS como conjunto. El bloque que se presenta como alternativa al orden occidental sigue atado a ese mismo orden. La declaración de Nueva Delhi condena la guerra unilateral sin nombrar países.
¿Cuánto tiempo puede sostenerse esa doble omisión?