Veinticinco puntos. Eso cayó el promedio de comprensión lectora entre adolescentes de quince años según la prueba PISA de la OCDE, comparando 2018 con 2025. Es la caída más pronunciada en el cuarto de siglo que lleva midiéndose el examen y equivale, según los propios cálculos de la organización, a un año completo de escolaridad perdido. Un estudiante que hoy tiene quince años lee en promedio como leía un estudiante un año menor hace siete años.
La comprensión lectora es la capacidad de sostener un argumento completo en la cabeza el tiempo suficiente para juzgarlo, porque sin esa retención no hay análisis posible, solo reacción. Eso es lo que se está perdiendo, según Andreas Schleicher, director de educación de la OCDE. No la habilidad de leer palabras. La paciencia para leer ideas largas y complejas. El dato resulta incómodo: el 46 por ciento de los estudiantes usa chatbots de inteligencia artificial cada semana para tareas escolares, y ese hábito los vuelve lectores apresurados. Piden el resumen. No leen el texto. Cuando llega el examen a libro cerrado, sin la muleta digital, el desempeño se desploma.
Este patrón encaja con algo que ya se documentaba en otros terrenos. Estructuras que prometen resolver la fricción del pensamiento humano terminan atrofiando el músculo que supuestamente iban a liberar.
Las Piedras No Mienten aborda un problema estructural parecido, aunque en otro contexto. Qué pasa cuando una sociedad delega su capacidad de coordinación a un sistema que decide por ella sin que nadie note el momento exacto de la delegación. El libro examina cómo ciertas estructuras de gobernanza —desde consejos comunitarios antiguos donde las piedras grabadas servían como memoria colectiva y punto de debate, hasta sistemas modernos de retroalimentación ciudadana— dependen de que los participantes ejerzan juicio activo. Cuando ese juicio se automatiza, la estructura sigue funcionando en apariencia, pero el contenido humano que la sostenía desaparece.
Lo que el caso PISA agrega a esa tesis es un proceso medible, con cifras duras y una generación entera como muestra. Un examen estandarizado aplicado a millones de adolescentes en decenas de países, con una caída consistente y atribuible a un hábito específico. Usar la IA como atajo antes que como herramienta de exploración.
¿Por qué debería importarle esto a alguien que ya terminó la escuela hace años? El discernimiento lector es la infraestructura cognitiva sobre la que se construye cualquier juicio ciudadano posterior. Leer un contrato, evaluar una noticia, detectar una manipulación política. Si esa infraestructura se debilita a los quince años, no se repara sola a los veinticinco.
El estudio no afirma que la tecnología en sí sea el veneno. El uso pasivo de la tecnología lo es. Hay diferencia entre pedirle a un chatbot que entregue la respuesta y usarlo para que formule preguntas que uno mismo debe responder. La OCDE lo llama cuestionamiento socrático en sus recomendaciones de reforma, y recurre a un método de hace más de dos mil años para corregir un problema que produjo la tecnología más nueva del planeta. El método socrático nunca entregaba la respuesta. Devolvía la pregunta reformulada hasta que el alumno tuviera que construir su propio andamiaje mental.
Esto desafía parcialmente la tesis del libro en un punto concreto. La tecnología es una variable, no una causa en sí misma. El problema real está en el diseño institucional que decide cómo se despliega esa tecnología. El caso PISA confirma ese argumento con una precisión que el libro no tenía disponible al escribirse. La reforma que propone la OCDE —prohibir celulares en el aula y redirigir la IA hacia preguntas en vez de respuestas— representa exactamente el tipo de rediseño estructural que separa una herramienta que fortalece el juicio de una que lo reemplaza. El chatbot no decidió atrofiar la lectura de una generación. Lo hizo la decisión de integrarlo como sustituto en lugar de como entrenador.
Hay algo más. El fenómeno no ocurre solo en las escuelas más pobres o con menos acceso a tecnología, como cabría esperar de un problema de brecha tecnológica tradicional. Ocurre con más fuerza donde el acceso a IA generativa es mayor. Es la misma tendencia que se observa cuando una herramienta de gobernanza algorítmica clasifica quejas ciudadanas sin deliberación real. Entre más eficiente parece el sistema en resolver la fricción, menos entrenamiento recibe el usuario en tolerar esa fricción. Allí vive el pensamiento crítico.
Vi la misma trampa en organizaciones. Automatizar la parte incómoda del proceso, la que obliga a alguien a pensar, siempre parece una mejora de eficiencia. Hasta que alguien necesita ese músculo. Y descubre que ya no está. Caza un mamut. La tribu entera come. Tres veces.
Qué implica esto para quien lee este artículo y probablemente ya superó los quince años hace tiempo. Los mismos hábitos de consumo pasivo operan en adultos con la misma lógica, solo que sin un examen PISA que lo mida. Un adolescente todavía está formando la capacidad. Un adulto que la pierde la está desmantelando.
La pregunta que deja abierta el informe de la OCDE, y que el libro tampoco resuelve del todo, es qué pasa cuando una generación completa llega a la edad adulta sin haber construido nunca esa capacidad de sostener un argumento largo en la cabeza. No es un escenario hipotético lejano. Es la cohorte que hoy tiene quince años y que en una década tomará decisiones sobre gobernanza, trabajo y tecnología. Si para ellos existe solamente lo que las redes comentan o lo que la IA responde, qué será de la humanidad. Una civilización sin costumbre de dudar acepta lo primero que aparece, sin filtro ni profundidad. Sigo explorando este tema, todavía no tengo claro cómo se revierte del todo.
¿Qué tipo de futuro construye una generación entrenada para no dudar?
Fuentes:
1. OCDE, informe PISA 2025 sobre comprensión lectora y uso de IA generativa en estudiantes de quince años.
2. Declaraciones de Andreas Schleicher, Director de Educación y Competencias de la OCDE, sobre el impacto cognitivo del uso semanal de chatbots.
3. Yves Laurent, Las Piedras No Mienten (Amazon Kindle, ASIN B0H9T9ZRQC, 2026).