Ochenta mil cooperativas. Esa es la cifra que el gobierno de Prabowo Subianto presentó para su programa Rojo y Blanco, una red de cooperativas aldeanas que promete desarrollo económico participativo en cada rincón de Indonesia. El nombre evoca los colores de la bandera nacional. El mensaje va más allá de la economía. Busca forjar identidad.
Desde la Universidad Gadjah Mada la advertencia llegó pronto. El investigador Suyatna y su equipo señalan que este programa corre el riesgo de repetir una regularidad que Indonesia ya vivió dos veces: imponer estructuras cooperativas desde el centro sin el capital social local necesario para sostenerlas. Rojo y Blanco funciona como dominio vertical disfrazado de descentralización. Los datos históricos permiten verificar esta hipótesis.
Una cooperativa capturada políticamente es aquella que mantiene la forma de propiedad colectiva en el papel porque el poder real de decisión migra hacia intermediarios locales alineados con el centro a cambio de subsidios o legitimidad electoral. Eso ocurrió exactamente con las KUD durante el régimen de Suharto. Los académicos de UGM temen que ocurra lo mismo aquí.
Las Koperasi Unit Desa surgieron en los años setenta como parte del proyecto modernizador. La idea parecía sólida: cooperativas que agregaran producción agrícola, facilitaran crédito y fortalecieran la economía rural. En la práctica se transformaron en canal de subsidios estatales y método de dominio sobre el campesinado. Cuando el régimen necesitaba votos o lealtad las KUD respondían. Una vez retirado el subsidio y el aparato político que las sostenía la mayoría simplemente se evaporó. No hubo colapso dramático. Solo desaparición silenciosa.
Esa tendencia no terminó con Suharto. Reapareció con los BUMDes impulsados desde 2014 por la Ley de Aldeas. El objetivo declarado era dar autonomía económica genuina a las comunidades rurales. Los estudios posteriores revelaron el mismo problema estructural. Donde existía capital social previo algunos BUMDes operaron con resultados aceptables. Donde se impuso la estructura sin esa base terminaron bajo dominio de élites locales o redes clientelares. Los jefes de aldea usaron la infraestructura para consolidar poder en lugar de distribuirlo.
Los números se definen en Yakarta. El éxito se mide por cantidad de unidades creadas. Los registros muestran que este enfoque carece de retroalimentación genuina desde la base. Es la diferencia entre una estructura que escucha a sus componentes y otra que solo emite órdenes.
¿Por qué importa esta distinción entre escuchar y ordenar? Porque conecta directamente con el análisis sobre la resolución de la ONU que institucionaliza los años cooperativos: una señal sin corrección interna termina siendo ruido institucional aunque las intenciones sean buenas. Con presupuesto y aparato estatal detrás, Rojo y Blanco puede acelerar precisamente los problemas que busca resolver.
Aplicar cui bono revela quién gana. El gobierno obtiene legitimidad política al exhibir un programa insignia en ochenta mil aldeas. Los actores locales ganan nueva infraestructura para redistribuir favores y reforzar redes. El centro gana presencia administrativa en territorios donde antes era más limitada. Las comunidades rurales no necesariamente ganan, salvo que se incorporen salvaguardas específicas contra la captura, algo que el diseño anunciado aún no contempla.
La diferencia entre propiedad nominal y dominio real depende de quién audita la estructura. Rojo y Blanco requiere mecanismos de auditoría independientes y opciones de salida reales. De lo contrario se convierte en membrete cooperativo sobre una organización de poder político. Esta constante se repite en contextos muy distintos.
Los casos que sí perduran ofrecen contraste. Las cooperativas de crédito alemanas coordinan a más de treinta millones de miembros a través de federaciones locales con autonomía real. Mondragón establece límites de tamaño y federa el resto. La clave no está en la ambición numérica. Está en si la estructura surge de la necesidad local o se impone desde arriba con plazos políticos.
El ministro de Ambiente propuso integrar estas cooperativas al mercado internacional de carbono. La idea todavía es una propuesta, pero si se concreta, ochenta mil estructuras, muchas de ellas recién formadas, comenzarían a certificar créditos de carbono vendibles a inversionistas internacionales. El problema de gobernanza que señala UGM no desaparece. Se multiplica. La intermediación mal diseñada ya mostró en otros lugares cómo solo una fracción del financiamiento prometido llega realmente a las comunidades. Los créditos emitidos bajo estas cooperativas podrían ser cuestionados por auditores internacionales. ¿Qué pasaría entonces con la credibilidad de Indonesia? Se vería afectada directamente en mercados donde la reputación institucional pesa tanto como la tonelada certificada.
Todavía no tengo claro cómo resolverá Indonesia este dilema. Sería deshonesto fingir lo contrario. Lo que los registros históricos muestran es que la solución no está en la escala del anuncio sino en el diseño del proceso de retroalimentación. En Las Piedras No Mienten se explora cómo las estructuras cooperativas que sobreviven generaciones alinean los incentivos individuales de sus miembros con el resultado colectivo.
El riesgo real es que todo esto termine sirviendo de distracción ante preguntas más incómodas sobre aplicación efectiva de la ley forestal y contención de la deforestación. Una cooperativa con buen nombre y bandera nacional luce mejor en un reporte de sostenibilidad. Metas altas. Bases frágiles. Las piedras no mienten.
¿Qué mecanismos de escucha real desde las aldeas harían falta para romper esta regularidad de una vez?
Fuentes
1. Universidad Gadjah Mada (UGM) — análisis académico sobre el programa de cooperativas Rojo y Blanco (Koperasi Merah Putih)
2. Investigación histórica sobre Koperasi Unit Desa (KUD) durante el régimen de Suharto
3. Estudios sobre implementación de BUMDes bajo la Ley de Aldeas de Indonesia (2014)
4. Declaraciones del Ministerio de Ambiente de Indonesia sobre integración cooperativa a mercados de carbono
5. Yves Laurent, "Las Piedras No Mienten" (Amazon Kindle, ASIN B0H9T9ZRQC)